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El Tibidabo, un mirador privilegiado repleto de recuerdos

Por | 23 junio, 2015 | 0 comentarios

Hay un lugar en Barcelona en el que el tiempo parece haberse detenido. Una montaña mágica en la que el visitante se siente un privilegiado por abarcar con una sola mirada la inmensidad de la Ciudad Condal. Un espacio único que aglutina naturaleza, ocio y devoción con un significado muy profundo. Estamos hablando del Tibidabo, el mejor mirador posible para captar la magia de Barcelona y un emplazamiento muy atrayente de obligada visita para el que pone sus pies en esta ciudad.

Desde que se tomó la decisión de urbanizarla a finales del siglo XIX, la montaña del Tibidabo se ha convertido en todo un símbolo de Barcelona por muchos motivos. En primer lugar porque su ascensión es un auténtico viaje en el tiempo de principio a fin. Este recuerdo de épocas pasadas arranca en el preciso instante en el que el visitante se monta en el Tranvía Azul para recorrer el primer tramo de subida.  Se trata de una línea que se puso en marcha en 1901 y que en la actualidad se ha convertido en toda una atracción turística. Sin dejar los transportes históricos, la subida final a lo alto del Tibidabo se realiza en un funicular que también data de ese mismo año y que completa un recorrido mágico, especialmente para los más pequeños y los nostálgicos.

Aunque también se puede llegar a lo alto de la montaña en autobús o en vehículo particular, el uso de un tranvía y un funicular que llevan más de un siglo funcionando es una auténtica gozada.

Ya en la cima del Tibidabo el visitante tiene otras citas con la historia y los recuerdos. El Parque de Atracciones que se construyó en 1899 y que tiene el honor de ser el más antiguo de España, sigue aún hoy en pie y a pleno rendimiento. En total se puede disfrutar de más de 25 atracciones y espectáculos itinerantes que devuelven a los más mayores a sus recuerdos de la infancia, mientras que los pequeños conocerán un mundo nuevo para ellos que les dejará con la boca abierta.

El Tibidabo es también un mirador privilegiado sobre Barcelona, y mucho más si se sube hasta la Torre de Collserola, diseñada por Norman Foster y levantada en 1991. A 135 metros de altura posee una plataforma en la que la visión de una Ciudad Condal imponente mirando al Mediterráneo permanece por mucho tiempo en la retina del que la disfruta.

Pero esta montaña tan especial también es devoción y arquitectura religiosa gracias a la espectacular construcción del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón. Una obra que nos puede recordar a su homóloga de París y en cuya parte superior también es posible gozar de unas panorámicas de auténtico lujo de Barcelona.

Aunque las construcciones han ido dotando al Tibidabo de personalidad propia en el último siglo, la naturaleza sigue jugando un papel muy importante en la montaña. El parque metropolitano de Collserola es un espacio que alberga una riqueza excepcional y que a menudo queda fuera del recorrido de los visitantes. Es un magnífico pulmón verde que se puede atravesar a pie o en bicicleta por la carretera de las Aguas y así poner el colofón a un inolvidable día en una montaña fascinante y llena de recuerdos de la que Barcelona se puede sentir muy orgullosa.

Categorías: barcelona

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